Le Pompe: el libro de 1557 que llevó los bolillos a la imprenta
En 1557, cuando el encaje de bolillos todavía era una técnica joven, un pequeño libro veneciano convirtió sus dibujos en materia impresa. Se titulaba Le Pompe: Opera Nova y reunía páginas de diseños que podían transformarse en bandas, bordes y labores entrelazadas. Aquellos grabados no explicaban cada cruce como un patrón moderno, pero ayudaron a que las formas viajaran más lejos que una muestra de hilo o la memoria de una maestra.
El primer libro dedicado a los bolillos
El Metropolitan Museum of Art conserva un ejemplar publicado en Venecia por Giovanni Battista y Marchio Sessa. Su ficha lo identifica como la primera edición del primer libro de patrones para encaje de bolillos. Contiene treinta páginas de diseños realizados mediante xilografía, el sistema de impresión que talla la imagen en una matriz de madera.
En la portada aparece la marca de Matio Pagano, impresor y editor relacionado con varios libros de modelos textiles del Renacimiento. La autoría exacta de los dibujos no está resuelta. Esa ausencia recuerda que los libros de labores nacían dentro de talleres donde diseñadores, talladores, impresores y comerciantes podían participar sin dejar todos sus nombres.
¿1557 o 1559?
Muchas encajeras conocen la obra como Le Pompe 1559, nombre popularizado también por una edición facsímil moderna. Sin embargo, el ejemplar del Met está fechado en 1557. La investigación histórica distingue un primer volumen publicado ese año y un segundo conjunto aparecido en 1560; entre ambos circularon ediciones y fechas que explican por qué 1559 quedó tan unido al título.
La diferencia no resta importancia al libro. Al contrario, muestra lo rápido que podía renovarse una colección de modelos cuando existía demanda. La imprenta permitía repetir las páginas, venderlas y hacer que un repertorio veneciano llegara a manos que nunca habían visto el original tejido.
Dibujos para interpretar, no instrucciones cerradas
Las páginas presentan franjas geométricas, flores, trenzados y bordes con ritmos repetidos. Son imágenes negras y rotundas, pensadas para que la estructura se entienda sobre el papel. No incluyen diagramas de cruces, números de pares ni explicaciones paso a paso como las que esperamos hoy. La encajera tenía que traducir la forma a sus materiales y a sus conocimientos.
Ese trabajo de interpretación podía exigir cambiar la escala, decidir la ruta de los hilos o escoger entre varias soluciones técnicas. Un mismo dibujo admitía más de una lectura. Los patrones servían como punto de partida y como repertorio ornamental, no como una receta que garantizara una copia idéntica.
Lo que revelan las reconstrucciones actuales
Un estudio reciente sobre encajes italianos de 1550 a 1650 ha utilizado fuentes históricas y reconstrucciones prácticas para investigar el trabajo que escondían estas piezas. Sus autoras recuerdan que solo tres libros del siglo XVI se dedicaron exclusivamente a los bolillos. Le Pompe fue el primero, seguido en 1561 por un libro de modelos impreso en Zúrich.
Algunos diseños tempranos podían realizarse con apenas cuatro bolillos, mientras otros plantean recorridos que siguen generando debate. Rehacerlos permite medir tiempos, descubrir dificultades y comprobar que el dibujo impreso no siempre ofrece toda la información necesaria. La mano moderna tiene que tomar decisiones parecidas a las que habría tomado una encajera del Renacimiento.
Un vehículo para extender el gusto veneciano
Los libros de patrones participaron en la difusión de las labores por Europa. Un motivo podía copiarse, adaptarse a otro ancho o combinarse con una forma local de trabajar. Los primeros encajes flamencos, por ejemplo, comparten rasgos estilísticos con diseños italianos impresos en la misma época. La circulación del papel acompañó así a la de hilos, prendas, comerciantes y artesanas.
También cambiaba la relación con el diseño. La muestra física seguía siendo valiosa, pero la página ofrecía un archivo ordenado y reproducible. Podía guardarse, compararse y volver a utilizarse. Cada impresión fijaba una idea sin impedir que la siguiente encajera la transformara.
Mirar una página como miramos un picado
La doble página conservada por el Met muestra dos maneras de organizar el espacio. A un lado aparecen bandas florales verticales; al otro, una retícula densa de lazos y figuras geométricas. Las líneas impresas no son hilos reales, pero invitan a seguir recorridos, localizar repeticiones y pensar dónde habría cruces, vueltas o zonas abiertas.
Casi cinco siglos después, Le Pompe conserva esa capacidad de provocar preguntas. Es libro, archivo y taller imaginario a la vez. Sus páginas recuerdan que el encaje de bolillos no creció únicamente alrededor de la almohadilla: también avanzó gracias a la imprenta, que convirtió los dibujos en viajeros y dejó una ventana abierta al modo de diseñar del Renacimiento.
