Idrija: 150 años enseñando a hacer encaje de bolillos
Hay aniversarios que se celebran mirando fotografías antiguas. El de la escuela de encaje de Idrija invita también a mirar las manos de quienes están aprendiendo hoy. En esta localidad de Eslovenia, una institución fundada en 1876 cumple 150 años en 2026 y mantiene el encaje de bolillos dentro de las aulas. Lo más bonito de la historia es esa continuidad: detrás de una puntilla terminada hay alguien que enseñó, alguien que preguntó y una nueva persona capaz de seguir tejiendo.
Una escuela que nació porque hacían falta encajeras
La historia local reúne dos oficios que, a primera vista, parecen muy distintos: la minería del mercurio y la elaboración de encajes. Según la historia publicada por la escuela, la referencia escrita más antigua que menciona esta labor en la región de Idrija data de 1696. Esa fecha documenta su presencia; no significa que podamos señalarla como el momento exacto de su nacimiento.
Durante mucho tiempo, el conocimiento pasó de una generación a otra. Pero en la segunda mitad del siglo XIX los comerciantes de Idrija ampliaron la presencia de sus encajes en el mercado europeo. Al crecer la demanda, también aumentó la necesidad de contar con encajeras formadas. En 1876, el Ministerio de Comercio de Viena estableció una escuela en la localidad. Su primera profesora fue una mujer de allí: Ivanka Ferjančič.
Ivanka y el valor de enseñar lo que una sabe
La semblanza que le dedica la institución cuenta que Ivanka amplió su formación en una escuela privada de encaje del Tirol meridional. Al regresar, trabajó en nuevos patrones junto a su hermana Antonija y su hermano Jožef. No se trataba únicamente de repetir dibujos: también había espacio para crear y encontrar nuevos caminos para el encaje de Idrija.
Ivanka fue profesora y participó en el órgano que dirigía la escuela. Murió en 1879, pocos años después de su apertura, pero la enseñanza continuó con maestras a las que ella había formado. Ese detalle permite comprender su legado sin adornarlo con frases inventadas: parte de lo que sabía siguió viviendo en otras manos.
Quienes hemos visto explicar una labor reconocemos el valor de esa transmisión. Un patrón puede conservar el dibujo; una profesora ayuda a interpretar lo que ocurre mientras lo hacemos. Hay dudas que se resuelven viendo un movimiento despacio y volviéndolo a intentar.
En 2026, la tradición también tiene alumnado joven
La escuela celebra su 150.º aniversario como una institución que ha funcionado de manera continuada desde su fundación. En su información actual señala que aprenden allí alrededor de 500 niños y jóvenes, además de más de 150 personas adultas. Son cifras que dan otra dimensión al oficio: no estamos hablando solamente de piezas antiguas guardadas con cuidado, sino de personas que reservan tiempo para aprender.
Su presentación educativa explica que la formación infantil es una actividad de tiempo libre y que sus departamentos se reparten entre Idrija y otras localidades. También ofrece distintas modalidades para adultos. La imagen resulta cercana: empezar de pequeña, volver años después o descubrir los bolillos por primera vez son caminos que pueden encontrarse alrededor de la misma afición.
Qué reconoce la UNESCO cuando reconoce este encaje
En 2018, la elaboración de encaje de bolillos en Eslovenia entró en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La ficha de la UNESCO describe patrones con nombres locales y el trabajo sobre una almohada cilíndrica, colocada en una cesta de mimbre o en una base de madera.
El reconocimiento se refiere a la práctica eslovena y a los conocimientos que la sostienen; no es una distinción concedida únicamente a la escuela. La UNESCO destaca además la transmisión familiar y el aprendizaje que sucede cuando las encajeras se reúnen. Es una manera de mirar el patrimonio que pone a las personas junto a las piezas terminadas.
Una idea sencilla para llevarnos a nuestro mundillo
La historia de Idrija nos anima a proponer un pequeño gesto: dedicar una sesión a compartir una cosa que sabemos hacer. Puede ser preparar los bolillos, interpretar una parte del picado o explicar cómo organizamos el material. Es una propuesta nuestra, sin necesidad de convertirla en una clase formal ni de exigir una labor perfecta.
También podemos guardar una muestra con el nombre de quien nos enseñó. Esa nota no añade puntadas, pero conserva algo que el hilo no cuenta por sí solo. Cuando volvamos a verla, recordaremos una voz, una tarde y quizá aquella primera duda que parecía enorme.
Idrija cumple 150 años de escuela con una lección muy fácil de entender: un oficio encuentra futuro cuando alguien puede aprenderlo. Desde El Mundillo de Eva celebramos esa cadena de paciencia y generosidad. La próxima persona que se acerque a mirar nuestros bolillos podría estar a punto de empezar su propia historia.
Las imágenes son ilustraciones originales generadas con IA: evocan el aprendizaje del encaje y no representan el aula real ni personas identificadas de la escuela.
