Cuando los bolillos brillaban: el secreto de los encajes con hilo metálico
¿Te imaginas abrir tu caja de labores y encontrar un hilo que parece guardar un poquito de sol? El encaje de bolillos también tiene una historia dorada y plateada, y su encanto va más allá del lujo. Lo verdaderamente curioso está en el propio material: para conseguir aquel brillo no siempre se trabajaba con un hilo de metal macizo. A veces había un corazón textil escondido dentro. Hoy, en El Mundillo de Eva, nos acercamos a ese pequeño secreto con ojos de encajera y ganas de descubrir.
Un corazón de seda bajo el metal
En su estudio sobre materiales del bordado inglés de las épocas Tudor y Estuardo, el Metropolitan Museum explica la construcción del hilo llamado filé: una tira metálica se enrollaba alrededor de un núcleo de seda. Conviene imaginar una cinta finísima que abraza otro hilo, no una hebra de oro macizo. El museo distingue este material de los alambres y de las tiras metálicas utilizadas por separado. Aunque el estudio se centra en el bordado, también aborda adornos relacionados con los encajes metálicos. Puedes consultar la explicación del Metropolitan Museum.
Esta manera de construir el hilo ayuda a entender algo que, a primera vista, parece contradictorio: metal y tejido podían formar parte de una misma hebra. No hace falta dominar un vocabulario complicado para disfrutar del hallazgo. Basta con recordar esa imagen de dos materiales trabajando juntos, cada uno con su papel.
Cuando el encaje también se pesaba
El RISD Museum cuenta una curiosidad estupenda: debido a su contenido de oro y plata, ciertos encajes metálicos se vendían por peso. Detrás de una puntilla había, por tanto, algo más que longitud, dibujo y horas de trabajo. El material precioso también entraba en la cuenta. Su exposición Luminous Lace, celebrada en 2017, recorre esa fascinación por vestir con luz. La presentación del RISD Museum conserva esta historia.
Además, no todo dependía de las manos de quien hacía el encaje. El museo describe especialistas que preparaban las finas tiras de metal y otros que las enrollaban sobre hilos textiles. Hasta el aspecto final podía cambiar según el color del núcleo, el ancho de la tira y la forma de envolverla. Pensar en esa colaboración nos invita a mirar una sencilla hebra como el resultado de varios oficios, antes incluso de llegar a los bolillos.
Dos piezas que permiten asomarse a esa historia
En la colección del Metropolitan Museum hay un cuello denominado rebato, fechado a comienzos del siglo XVII. Su ficha enumera encaje de bolillos con hilo metálico, alambre y algodón. El museo lo considera posiblemente francés: ese «posiblemente» importa, porque no todas las piezas antiguas llegan hasta nosotros con su historia completa. La ficha del rebato permite ver la pieza y sus datos.
Otro ejemplo se conserva en el National Museum of American History del Smithsonian. Es un panel de comienzos del siglo XVII que reúne bordado y encaje de bolillos. La descripción identifica tiras metálicas enrolladas alrededor de un núcleo de seda y señala bordes de oro y, con interrogante, plata. También distingue las labores del centro tejido de los encajes de sus bordes. Aquí puedes explorar el panel del Smithsonian.
Estas fichas ofrecen una manera muy entretenida de visitar un museo desde casa: leer primero los materiales y después buscar en la imagen dónde aparece cada uno. Podemos hacerlo en compañía, comparando impresiones sin necesidad de acertar a la primera. ¿Qué parte mirarías antes: el centro, el contorno o los espacios vacíos?
Una pequeña propuesta para nuestro mundillo
Si esta historia te ha despertado curiosidad, te proponemos un juego de observación con materiales modernos que ya tengas. Coloca una muestra de hilo corriente y otra de aspecto metalizado junto a una ventana. Míralas sobre una tela clara y sobre otra oscura. Cambia tu posición y fíjate en qué detalles llaman más la atención. No se trata de reproducir una pieza antigua, sino de disfrutar mirando.
Antes de elegir un hilo para una labor nueva, lee su composición y las indicaciones del fabricante: un acabado dorado no nos dice por sí solo de qué está hecho. Puedes anotar tus impresiones en el cuaderno de labores y comentarlas con tu grupo. A veces, una conversación sobre un material termina regalándonos la idea de nuestro próximo proyecto.
Y quizá ese sea el mejor recuerdo de este paseo: el encaje no solo nos sorprende por sus dibujos. También por lo que esconden sus hilos. La próxima vez que veas una puntilla brillante, tendrás una pregunta nueva que hacerle: ¿cómo estará construida esa pequeña hebra?
Las imágenes son ilustraciones originales generadas con IA. No reproducen las piezas de los museos ni constituyen patrones técnicos.
