Amersham 2026: bolillos, luces de invierno y Cattern Day
Cuando noviembre acorta las tardes, una antigua costumbre encajera vuelve a encenderse en el corazón de Buckinghamshire. El 25 de noviembre de 2026, el Museo de Amersham celebrará el día de Santa Catalina con sus encajeras voluntarias. Será una jornada para escuchar el sonido de los bolillos, probar los primeros cruces y descubrir cómo las trabajadoras del encaje recibían el invierno con luz, comida compartida y una fiesta propia.
Una tarde de bolillos en el museo
La actividad tendrá lugar el miércoles 25 de noviembre, de 11:30 a 16:00, en Amersham Museum, situado en el número 49 de High Street, en Old Amersham. Las demostraciones estarán abiertas a todos los públicos y se aplicará la entrada habitual del museo.
Las encajeras voluntarias mostrarán cómo se organiza el trabajo sobre la almohadilla, cómo se mueven los bolillos y de qué manera los hilos forman motivos dentro de una malla regular. Quienes se acerquen podrán hacer preguntas, conversar con ellas e incluso probar la técnica. Esa posibilidad de pasar de mirar a tocar convierte la visita en un encuentro cercano, especialmente atractivo para familias y para personas que siempre han sentido curiosidad por los bolillos.
La información práctica y cualquier posible actualización pueden consultarse en la página oficial de la celebración de Santa Catalina. No se anuncia reserva especial: el museo invita a acudir durante su horario y señala que todo el mundo será bienvenido.
Cattern Day, la fiesta de las encajeras
En Amersham, el día de Santa Catalina era conocido cariñosamente como Cattern Day. Según la tradición local recogida por el museo, las encajeras celebraban a su patrona con un pastel especial, una comida caliente y varios rituales relacionados con el comienzo del trabajo invernal. Era una pausa festiva dentro de un oficio doméstico que exigía muchas horas y una enorme concentración.
Uno de los gestos más evocadores consistía en volver a utilizar el bloque de velas y sus globos de cristal. Cuando la luz natural ya no alcanzaba para distinguir los hilos finos, una vela se rodeaba de pequeños recipientes esféricos llenos de agua. El cristal concentraba y dirigía la claridad hacia las almohadillas, creando puntos luminosos en torno a los que podían trabajar varias mujeres. La celebración marcaba así el momento de preparar esas luces para los meses oscuros.
Amersham, ciudad de encaje negro
La demostración cobra un sentido especial en esta localidad. El propio museo recuerda que, en 1791, el Universal British Directory describía Amersham como centro de producción de encaje negro de seda. Sus especialidades incluían velos finos y volantes anchos, utilizados para decorar vestidos claros. Trabajar con hilo negro resultaba especialmente fatigoso para la vista, porque los cruces proyectaban menos contraste y debían leerse bajo una iluminación muy limitada.
El encaje formaba parte de la economía familiar. Los compradores proporcionaban materiales y patrones, recogían las piezas terminadas y las llevaban al mercado. También hubo escuelas donde las niñas aprendían diseños complejos desde pequeñas. En el censo de 1851 todavía aparecen veinte encajeras de almohadilla en la zona, aunque la fabricación mecánica ya estaba debilitando el oficio y el trenzado de paja ofrecía otra salida laboral.
Por eso, ver hoy a las voluntarias no es una recreación aislada. Sus almohadillas conectan con una actividad que sostuvo hogares, enseñó destrezas de generación en generación y dejó su huella en la identidad de Buckinghamshire. El museo conserva esa memoria y la devuelve a la vida mediante la conversación y la práctica.
Una escapada con sabor de pueblo inglés
Old Amersham conserva una larga calle histórica entre colinas boscosas, edificios antiguos y rincones que invitan a pasear sin prisa. El museo ocupa una casa de High Street y abre de miércoles a domingo, de 11:30 a 16:00. La jornada puede completarse recorriendo el casco antiguo y observando cómo la historia doméstica del encaje convivió con mercados, talleres y viviendas.
La cita del 25 de noviembre reúne todo lo que hace especial a una tradición viva: manos expertas, objetos sencillos y relatos que explican por qué una vela, un pastel o un puñado de bolillos significaban tanto. Cattern Day regresa como una celebración pequeña y luminosa, capaz de acercarnos al invierno de las antiguas encajeras sin perder la alegría de aprender juntas.

