Venecia 2026: 43 encajes entre flores y naturaleza
Venecia propone este otoño una visita en la que el encaje deja de ser un detalle para ocupar el centro de la sala. La exposición «Un merletto per Venezia 2026» reúne 43 obras nacidas de la duodécima edición del concurso nacional dedicado al encaje de aguja y de bolillos. Flores, hojas y formas inspiradas en la naturaleza muestran cómo una tradición antigua puede seguir hablando con lenguajes muy distintos.
Cuarenta y tres maneras de mirar la naturaleza
La Fondazione Musei Civici di Venezia explica que el certamen de 2026 recibió 43 obras. Todas responden al tema «Las flores y la naturaleza», pero no siguen una única estética. Algunas respetan los repertorios y procedimientos tradicionales; otras tratan el encaje como una obra autónoma y exploran volumen, color e instalación.
Las piezas se reparten entre encaje de aguja y encaje de bolillos, y cada técnica cuenta con apartados tradicional y contemporáneo. Para quienes disfrutan observando los detalles, esta convivencia resulta especialmente interesante. Permite comparar cómo una flor puede nacer de un hilo guiado por la aguja o de muchos pares que se cruzan sobre el mundillo.
Fechas y sedes
- Hasta el 6 de enero de 2027: Museo di Palazzo Mocenigo, Venecia.
- Del 7 de enero al 13 de junio de 2027: Museo del Merletto de Burano.
- Contenido: 43 obras del XII Concurso Nacional de Encaje de Aguja y de Bolillos.
- Tema: «Las flores y la naturaleza».
La muestra se visita con el horario y la entrada ordinaria del museo correspondiente. Como las condiciones pueden cambiar, conviene consultar la página oficial antes del viaje. Este detalle es importante para quien quiera combinar la exposición con otros espacios textiles o reservar el desplazamiento en vaporetto hacia Burano.
Tradición y creación contemporánea
El concurso diferencia las obras que se sostienen únicamente mediante la técnica tradicional de aquellas que necesitan otros elementos para completar la intención artística. La distinción no depende simplemente de usar hilo blanco o de introducir color. Lo que importa es la relación entre el encaje, su forma y la manera de presentarlo.
Esa idea cambia la forma de recorrer la sala. Ante una pieza tradicional podemos seguir el dibujo, reconocer puntos y admirar la regularidad. Frente a una obra contemporánea interesa también el espacio que ocupa, la sombra que proyecta o la conversación que establece con materiales distintos. El hilo conserva su memoria artesanal, pero gana nuevas posibilidades como lenguaje plástico.
Los bolillos de la laguna
Burano es célebre sobre todo por el encaje de aguja, mientras que en Pellestrina arraigó con fuerza el trabajo de bolillos. La propia fundación mantiene actividades en las que participan encajeras de ambas islas y de otros lugares de la laguna. Esa diversidad ayuda a comprender que el encaje veneciano no es una única receta, sino una red de escuelas, asociaciones y saberes transmitidos.
En las obras a bolillos merece la pena buscar el recorrido de los pares. Los motivos más compactos se unen mediante fondos abiertos, cintas o pequeños puentes. Un cambio de color puede señalar el movimiento del hilo; una forma tridimensional obliga a pensar el picado de otro modo. Incluso sin conocer cada punto, la mirada aprende a distinguir densidades, bordes y zonas de tensión.
Una visita a Palazzo Mocenigo
La primera sede añade contexto a la exposición. Palazzo Mocenigo alberga el museo dedicado a los tejidos, el traje y el perfume, de modo que los encajes dialogan con vestidos, interiores históricos y otras artes relacionadas con la apariencia. La visita permite recordar que una puntilla nunca vivió aislada: formó parte de cuellos, mangas, pañuelos, ajuares y ceremonias.
Quienes viajen después del 7 de enero podrán encontrar las obras en el Museo del Merletto de Burano, instalado en la antigua escuela de encaje. Allí la muestra se incorpora a un relato más amplio sobre la enseñanza, el trabajo de las encajeras y la historia de la isla. Es una buena excusa para alejarse unas horas de las rutas más transitadas de Venecia.
El encaje como obra con voz propia
La iniciativa busca mantener vivo un oficio que necesita tiempo, aprendizaje y continuidad. También invita a dejar de mirar el encaje únicamente como adorno. Una obra puede conservar puntos antiguos y, al mismo tiempo, plantear una idea nueva sobre el paisaje, la fragilidad o el crecimiento.
«Un merletto per Venezia 2026» ofrece así una doble lectura: celebra la precisión de las manos y muestra la libertad de quienes siguen diseñando con hilo. Entre flores reconocibles y formas inesperadas, la exposición recuerda que la tradición permanece viva cuando encuentra motivos para transformarse.

